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Cirugía Andaluza | 2026 | Volumen 37 | Número 2 - Junio 2026

Datos de la publicación


Importancia de la nutrición enteral en el paciente oncológico.

Importance of enteral nutrition in the oncological patient.


Resumen

La malnutrición es una de las complicaciones más frecuentes e infradiagnosticadas en el paciente oncológico, con una prevalencia estimada cercana al 40–50%, especialmente en tumores de cabeza y cuello, pulmón y tracto gastrointestinal. Su desarrollo es multifactorial y está relacionado con la inflamación sistémica mediada por citoquinas, la anorexia, las alteraciones metabólicas, el aumento del catabolismo muscular y adiposo, así como los efectos adversos derivados de la quimioterapia, radioterapia y cirugía.

La desnutrición impacta negativamente en la evolución clínica, aumentando la mortalidad, la toxicidad del tratamiento, las complicaciones postoperatorias, la estancia hospitalaria y el deterioro funcional asociado a sarcopenia y caquexia cancerosa. Por ello, las principales guías internacionales recomiendan el cribado nutricional sistemático desde el diagnóstico y durante todo el tratamiento oncológico, mediante herramientas validadas como PG-SGA, NRS-2002 y criterios GLIM.

La nutrición enteral (NE) constituye la estrategia de soporte nutricional de elección cuando el tracto gastrointestinal es funcional. Las guías ESPEN y ASPEN recomiendan iniciarla precozmente en pacientes con ingesta insuficiente o malnutrición establecida. Frente a la nutrición parenteral, la NE presenta menor tasa de infecciones, menor coste y preserva la integridad de la barrera intestinal, sin evidencia de favorecer el crecimiento tumoral. Además, en cirugía oncológica gastrointestinal, la NE precoz e inmunonutrición han demostrado reducir complicaciones, mejorar la respuesta inmune y acortar la estancia hospitalaria.

Palabras Clave: nutrición enteral, malnutrición oncológica, caquexia, soporte nutricional, inmunonutrición.

Abstract

Malnutrition is one of the most frequent and underdiagnosed complications in oncological patients, with an estimated prevalence close to 40–50%, especially in head and neck, lung, and gastrointestinal tumors. Its development is multifactorial and related to systemic inflammation mediated by cytokines, anorexia, metabolic alterations, increased muscle and adipose tissue catabolism, as well as adverse effects derived from chemotherapy, radiotherapy, and surgery.

Malnutrition negatively impacts clinical outcomes, increasing mortality, treatment toxicity, postoperative complications, hospital stay, and functional deterioration associated with sarcopenia and cancer cachexia. Therefore, major international guidelines recommend systematic nutritional screening from diagnosis and throughout oncological treatment using validated tools such as PG-SGA, NRS-2002, and GLIM criteria.

Enteral nutrition (EN) is the preferred nutritional support strategy when the gastrointestinal tract remains functional. ESPEN and ASPEN guidelines recommend early initiation in patients with insufficient intake or established malnutrition. Compared with parenteral nutrition, EN is associated with lower infection rates, lower costs, and preservation of intestinal barrier integrity, without evidence of promoting tumor growth. Furthermore, in gastrointestinal oncologic surgery, early EN and immunonutrition have demonstrated reductions in complications, improvements in immune response, and shorter hospital stays.

Keywords: enteral nutrition, oncological malnutrition, cachexia, nutritional support, inmunonutrition.



Introducción: El problema de la malnutrición en oncología

La malnutrición es una de las complicaciones más frecuentes e infradiagnosticadas en el paciente con cáncer. En este metaanálisis[1], con más de 30.000 pacientes oncológicos, utilizando los criterios GLIM, se reportó una prevalencia global de malnutrición del 41% (IC con un 19% de malnutrición moderada y un 20% de malnutrición severa).

Otros estudios, como el estudio NUTRIONCO[2], demostró que hasta el 51% de los pacientes ya presentan deficiencias nutricionales en su primera visita en oncología médica. Estudios de pérdida de peso involuntaria reportan cifras del 31% al 87% según la localización tumoral y el estadio de la enfermedad.

De entre todos los tumores, los de mayor riesgo de malnutrición son los de cabeza y cuello (48,9%), pulmón (45,3%) y los tumores gastrointestinales, seguidos de leucemias y linfomas (34%).

Las causas son multifactoriales: anorexia, inflamación sistémica mediada por citoquinas (IL-6, TNF-α), alteraciones metabólicas, efectos secundarios del tratamiento (mucositis, náuseas, disfagia) y la propia obstrucción tumoral.

Mensaje clave: Todo paciente oncológico es un paciente en riesgo nutricional, independientemente de su índice de masa corporal.

Fisiopatología de la desnutrición

La fisiopatología de la desnutrición en el paciente oncológico es un proceso multifactorial y complejo que involucra la interacción entre factores derivados del tumor, la respuesta inflamatoria sistémica, alteraciones metabólicas y los efectos iatrogénicos de los tratamientos antineoplásicos (Figura 1).

Figura 1

Fisiopatología de la desnutrición. La desnutrición es una cascada sistémica multifactorial.

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Inflamación sistémica: el motor central

La inflamación sistémica crónica es el eje fisiopatológico principal de la desnutrición oncológica y la caquexia. Las células tumorales y las células inmunes del paciente (especialmente macrófagos y otras células del sistema inmune) producen citoquinas proinflamatorias —fundamentalmente IL-1β, IL-6, IL-8, TNF-α, IFN-γ y TGF-β— que activan cascadas catabólicas. Diversos estudios confirman que IL-6, TNF-α e IL-8 están significativamente elevadas en pacientes caquécticos frente a no caquécticos. La activación sostenida de NF-κB establece un bucle inflamatorio-metabólico autoamplificador que perpetúa la proteólisis muscular, la lipólisis, la resistencia a la insulina y la anorexia.

Anorexia: desregulación hipotalámica del apetito

La anorexia en el paciente oncológico no es simplemente "falta de apetito", sino una disfunción neuroendocrina compleja[3]. Estas citoquinas proinflamatorias cruzan la barrera hematoencefálica y alteran las señales hipotalámicas que regulan la ingesta, activando persistentemente los sistemas anorexigénicos e inhibiendo los sistemas orexigénicos. La inflamación hipotalámica además activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, liberando glucocorticoides que estimulan directamente el catabolismo muscular y adiposo.

Catabolismo muscular: proteólisis acelerada

La pérdida de masa muscular esquelética es el sello distintivo de la caquexia cancerosa y resulta de un desequilibrio entre síntesis y degradación proteica. Los mecanismos principales son:

Sistema ubiquitina-proteasoma, Sistema autofágico-lisosomal, Supresión de la síntesis proteica, Estrés del retículo endoplásmico, que son una serie de señales y circuitos hormonales en los que tampoco vamos a entrar en detalle, solo saber que hay una proteolisis acelerada.

Pérdida de tejido adiposo: lipólisis

La atrofia del tejido adiposo se debe a una lipólisis exacerbada mediada por el aumento de actividad de la lipasa de triglicéridos adiposos (ATGL) y la lipasa sensible a hormonas (HSL), junto con una disminución de la lipoproteín-lipasa.

Alteraciones del metabolismo de carbohidratos

El metabolismo glucídico está profundamente alterado ya que las células tumorales consumen glucosa de forma acelerada y, además, existe resistencia a la insulina caracterizada por aumento de la producción hepática de glucosa y gluconeogénesis.

Efectos iatrogénicos de los tratamientos antineoplásicos

Los tratamientos oncológicos constituyen un factor agravante fundamental de la desnutrición:

- Quimioterapia: Provoca náuseas, vómitos, mucositis, diarrea y anorexia. Además, los quimioterápicos pueden activar directamente las vías catabólicas musculares.

- Radioterapia: Especialmente en tumores de cabeza y cuello y gastrointestinales, causa mucositis, disfagia, xerostomía, y malabsorción.

- Cirugía: Particularmente la cirugía gastrointestinal, puede causar malabsorción, síndrome de dumping, estenosis y alteraciones de la motilidad.

El continuo precaquexia → caquexia → caquexia refractaria

La desnutrición oncológica no es un evento estático sino un proceso dinámico progresivo. La ASCO define tres estadios:

- Precaquexia (pérdida de peso ≤5%, anorexia y alteraciones metabólicas incipientes).

- Caquexia (pérdida de peso >5% en 6 meses o IMC <20 con pérdida >2%, con inflamación sistémica y catabolismo activo); y

- Caquexia refractaria (catabolismo activo no respondedor a tratamiento, con esperanza de vida <3 meses).

Por tanto, la identificación precoz en la fase de precaquexia es crucial, ya que la caquexia establecida es difícilmente reversible con intervención nutricional estándar.

En resumen, la desnutrición del paciente oncológico resulta de la convergencia de una respuesta inflamatoria sistémica sostenida, una desregulación neuroendocrina del apetito, un catabolismo acelerado de músculo y tejido adiposo, alteraciones metabólicas profundas en los tres macronutrientes (Proteinas, grasas e hidratos de carbono), y los efectos tóxicos de los propios tratamientos antineoplásicos. Esta comprensión fisiopatológica fundamenta la necesidad de un abordaje nutricional precoz, multimodal e individualizado.

Consecuencias clínicas de la malnutrición

La malnutrición no es un problema secundario: tiene un impacto directo y medible sobre los resultados clínicos.

- Mortalidad: Los pacientes malnutridos presentan un riesgo de mortalidad dos veces mayor. En este estudio retrospectivo[4] con 2.859 pacientes confirmó que el riesgo de malnutrición se asocia con mayor mortalidad por todas las causas . En este metaanálisis[5] de 27.120 pacientes demostró que la desnutrición evaluada por PG-SGA se asocia con peor supervivencia global (HR = 1,99; IC 95%: 1,62–2,45).

- Tolerancia al tratamiento: La malnutrición se asocia con mayor toxicidad a la quimioterapia, menor cumplimiento terapéutico y mayor tasa de reducciones de dosis e interrupciones del tratamiento.

- Complicaciones postoperatorias: La malnutrición incrementa significativamente el riesgo de complicaciones postoperatorias, mayor estancia hospitalaria y mayor tasa de reingresos.

- Caquexia y sarcopenia: La caquexia cancerosa, definida como pérdida crónica de masa muscular con o sin pérdida adiposa, irreversible con intervención nutricional estándar, afecta negativamente la funcionalidad, la calidad de vida y la supervivencia. La sarcopenia, con reemplazo de fibras musculares por tejido fibrótico, es un factor de riesgo independiente de fragilidad y peor estado funcional.

Cribado y valoración nutricional: ¿Cómo identificar al paciente en riesgo?

Las guías de la ASPEN (2024) recomiendan que todos los pacientes oncológicos deben ser cribados para riesgo de malnutrición utilizando una herramienta validada, con un plan de seguimiento nutricional específico para los identificados como de riesgo. Las herramientas más validadas en oncología son:

- PG-SGA (Patient-Generated Subjective Global Assessment)[6]: Es la herramienta con mejor rendimiento diagnóstico en pacientes oncológicos, con una sensibilidad del 96,4% y especificidad del 90,5% . Es una formulario más complejo que los criterior GLIM, utiliza un sistema de puntuación numérica que clasifica la severidad. Una puntuación ≥9 indica necesidad crítica de intervención nutricional. Además, tiene valor pronóstico: la desnutrición definida por PG-SGA se asocia con peor supervivencia global.

- NRS-2002 (Nutritional Risk Screening 2002)[7]: Ampliamente utilizada en pacientes hospitalizados, con buena correlación con los criterios GLIM . Recomendada especialmente en pacientes ancianos con tumores gastrointestinales.

- Criterios GLIM (Global Leadership Initiative on Malnutrition)[8]: Publicados en 2019, se consideran el estandar internacional actual, permiten un diagnóstico estandarizado de malnutrición combinando criterios fenotípicos (pérdida de peso, bajo IMC, reducción de masa muscular) y etiológicos (reducción de ingesta, inflamación).

Por tanto, lo que recomienda la guía de la ESPEN[9] es un abordaje en tres pasos: (1) cribado de todos los pacientes al diagnóstico y regularmente durante el tratamiento; (2) evaluación nutricional ampliada incluyendo composición corporal, biomarcadores inflamatorios y función física; (3) intervención nutricional multimodal individualizada.

Nutrición enteral en el paciente oncológico: indicaciones y evidencia

Principios generales

Las guías ESPEN establecen que la nutrición enteral (NE) debe iniciarse cuando ya existe desnutrición o cuando la ingesta alimentaria está marcadamente reducida durante más de 7–10 días.

La NE incluye tanto los suplementos nutricionales orales (SNO) como la alimentación por sonda (nasogástrica, nasoyeyunal, gastrostomía endoscópica percutánea o yeyunostomía).

Las guías ASPEN recomiendan específicamente:

- Iniciar NE lo antes posible en pacientes oncológicos con tumores sólidos que no puedan alcanzar >60–75% de sus necesidades calórico-proteicas por vía oral y presenten malnutrición moderada/severa.

- En pacientes previamente bien nutridos, iniciar NE si no pueden tolerar >60% de sus necesidades basales durante >7–14 días, a pesar de consejo dietético y suplementación oral.

- Considerar NE agresiva precoz en pacientes con precaquexia/caquexia con ingesta inadecuada.

- En pacientes con caquexia refractaria, esperanza de vida 3 meses o KPS 50, priorizar el manejo sintomático y la maximización de la ingesta oral.

Principio fundamental: Si el tracto gastrointestinal es funcional y no existen contraindicaciones, la NE debe ser la primera línea de soporte nutricional.

NE versus nutrición parenteral

Un metaanálisis actualizado de 43 ensayos clínicos aleatorizados10 demostró que la NE y la nutrición parenteral (NP) son equivalentes en la mayoría de los desenlaces, excepto en la tasa de infecciones, donde la NE es claramente superior. Este hallazgo se ha mantenido estable en los metaanálisis acumulativos desde 1997, lo que respalda las recomendaciones de la ESPEN de preferir la NE sobre la NP cuando la vía oral es insuficiente. Los beneficios adicionales de la NE incluyen menor coste, facilidad de administración y preservación de la integridad de la barrera intestinal.

Nutrición enteral y crecimiento tumoral

En diferentes estudios se han demostrado que, en pacientes oncológico, la NE no tiene impacto en el crecimiento tumoral. Las consecuencias perjudiciales de no tratar la malnutrición superan con creces los riesgos teóricos de promoción tumoral.

Evidencia por contextos clínicos específicos

Cirugía oncológica

La NE perioperatoria tiene la evidencia más robusta en cirugía oncológica gastrointestinal:

- Las guías ESPEN de cirugía recomiendan la NE preoperatoria durante 5–7 días en pacientes con cáncer sometidos a cirugía abdominal mayor, especialmente si están malnutridos[11].

- La NE precoz postoperatoria (dentro de las primeras 24–48 horas) en cirugía colorrectal acelera la recuperación del tránsito intestinal, promueve la ingesta de nutrientes y acorta la estancia hospitalaria sin aumentar las complicaciones[12].

- En cirugía esofágica, la NE precoz por sonda nasoyeyunal dentro de las primeras 24 horas acorta el tiempo hasta el primer ruido intestinal en 1,26 días, mejora los marcadores nutricionales y la función inmune (ratio CD4+/CD8+), y reduce las complicaciones[13].

Inmunonutrición enteral

La inmunonutrición enteral (administración por via digestiva de fórmulas nutricionales enriquecidas con nutrientes específicos como arginina, ácidos grasos omega-3, nucleótidos) ha demostrado beneficios adicionales (Figura 2).

Figura 2

Inmunonutrición enteral.

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Un metaanálisis[14] de 37 ECA (3.793 pacientes) en cirugía oncológica gastrointestinal demostró que la inmunonutrición reduce las complicaciones infecciosas postoperatorias (OR = 0,58; IC 95%: 0,47–0,72), la infección de sitio quirúrgico (OR = 0,65), la dehiscencia anastomótica (OR = 0,67) y la estancia hospitalaria en 1,94 días. En general, Arginina (mejora cicatrización), glutamina (soporte intestinal), ácidos grasos Omega-3 (efecto antiinflamatorio).

La administración perioperatoria parece ser la estrategia óptima.

Un ECA[15] reciente en pacientes con tumores gastrointestinales avanzados en quimioterapia demostró que la inmunonutrición enteral mejora los niveles de albúmina, la ratio CD4+/CD8+, reduce las citoquinas proinflamatorias (IL-1, IL-6) y mejora la calidad de vida.

Mensajes clave para la práctica clínica

1. Cribar siempre: Todo paciente oncológico debe ser cribado para riesgo nutricional al diagnóstico y regularmente durante el tratamiento, utilizando herramientas validadas como PG-SGA o NRS-2002 (Tabla 1).

Tabla 1

Recomendaciones calóricas en el paciente obeso quirúrgico.

PG-SGA NRS-2002 Criterios GLIM (2019)
Rendimiento: Sensibilidad 96,4% | Especificidad 90,5%. Rendimiento: Alta correlación con diagnóstico final. Rendimiento: Estándar internacional actual.
Complejidad: Alta (Formulario detallado con puntuación numérica). Complejidad: Baja (Cribado rápido hospitalario). Complejidad: Media (Combina dos ejes).
Uso Ideal: Paciente oncológico general. Estándar de oro clínico. Uso Ideal: Paciente hospitalizado, ancianos con tumores GI. Uso Ideal: Diagnóstico estandarizado global.
Alerta: Puntuación ≥9 indica necesidad crítica de intervención. Tiene valor pronóstico de supervivencia. Alerta: Detecta la brecha del 54,5% de prevalencia real frente al ojo clínico. Alerta: Requiere 1 criterio fenotípico (peso, IMC, masa muscular) + 1 etiológico (ingesta, inflamación).

2. Intervenir precozmente: La intervención nutricional precoz mejora los resultados clínicos. No esperar a la malnutrición severa.

3. Escalonar la intervención: Consejo dietético → suplementos nutricionales orales → nutrición enteral por sonda → nutrición parenteral (solo si la NE no es factible).

4. Preferir la vía enteral: Si el tracto gastrointestinal es funcional, la NE es preferible a la NP por menor tasa de infecciones, menor coste y preservación de la barrera intestinal.

5. Individualizar: Las indicaciones, vía y pauta de NE dependen del diagnóstico, modalidad de tratamiento, estado nutricional y duración estimada de la intervención.

6. Equipo multidisciplinar: La nutrición oncológica requiere la integración de oncólogos, dietistas-nutricionistas, cirujanos, enfermería y logopedas.

7. No temer al crecimiento tumoral: No existe evidencia de que la NE estimule el crecimiento tumoral.

Conclusión

La malnutrición en el paciente oncológico no es un efecto colateral inevitable: es una complicación tratable que, cuando se aborda de forma precoz y estructurada, mejora la tolerancia al tratamiento, reduce las complicaciones, mejora la calidad de vida y puede impactar positivamente en la supervivencia. La nutrición enteral es una herramienta fundamental en este abordaje y debe integrarse como parte esencial del plan terapéutico oncológico.

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