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Cirugía Andaluza | 2026 | Volumen 37 | Número 1 - Febrero 2026

Datos de la publicación


El papel del radiólogo intervencionista en el tratamiento de las complicaciones postoperatorias

The role of the interventional radiologist in the treatment of postoperative complications


Resumen

La radiología intervencionista constituye un elemento esencial en el abordaje de las complicaciones postoperatorias derivadas de la cirugía pancreática. Proporciona opciones terapéuticas mínimamente invasivas, tales como el drenaje percutáneo guiado por imagen, la embolización selectiva de pseudoaneurismas o la colocación de endoprótesis, que permiten controlar la complicación con menor morbilidad y riesgo que la reintervención quirúrgica. Además, la disponibilidad del radiólogo intervencionista favorece un manejo multidisciplinar, optimizando la toma de decisiones y reduciendo la mortalidad asociada. Su participación resulta, por tanto, indispensable para mejorar los resultados clínicos y la eficiencia terapéutica en el tratamiento de las complicaciones postoperatorias de la cirugía pancreática.

Palabras claves: complicaciones de la cirugía pancreática, radiología intervencionista.

Abstract

Interventional radiology constitutes an essential component in the management of postoperative complications arising from pancreatic surgery. It provides minimally invasive therapeutic options, such as image-guided percutaneous drainage, selective embolisation of pseudoaneurysms, and stent placement, enabling control of complications with lower morbidity and risk compared with surgical reintervention. Furthermore, the availability of the interventional radiologist promotes a multidisciplinary approach, optimising clinical decision-making and reducing associated mortality. Its involvement is therefore indispensable for improving clinical outcomes and therapeutic efficiency in the treatment of postoperative complications following pancreatic surgery.

Keywords: pancreatic surgery complications, interventional radiology.



Introducción

Las resecciones pancreáticas son procedimientos quirúrgicos asociados a una alta incidencia de complicaciones, con una considerable morbilidad y mortalidad[1].

Un enfoque multidisciplinar es esencial en el manejo de estos pacientes y la radiología intervencionista desempeña un papel crucial en el tratamiento de los pacientes que desarrollan complicaciones postquirúrgicas[1].

La radiología intervencionista (RI) es capaz de ofrecer alternativas mínimamente invasivas a la cirugía, con varias opciones terapéuticas dependiendo de la complicación.[1]

Procedimientos como el drenaje percutáneo de colecciones líquidas, procedimientos biliares percutáneos transhepáticos, embolización arterial, intervenciones venosas y embolización de fístulas son opciones terapéuticas viables, con menos complicaciones en comparación con la reintervención quirúrgica, una estancia hospitalaria más corta y una recuperación más rápida.[1]

Yeo et al. identificaron la ausencia de reoperación como un predictor independiente de supervivencia prolongada[1].

Drenaje percutáneo

Las colecciones intraabdominales y los abscesos representan la complicación más frecuente. Una vez identificadas es posible drenarlas mediante la colocación de un catéter, bien mediante guía ecográfica o por TC, decisión que dependerá de la localización y experiencia del radiólogo.

En series publicadas, se ha reportado un éxito elevado de la técnica, tanto inmediato como a mediano plazo.

Cuando la colección es claramente visible mediante ecografía (US), el drenaje guiado por US suele ser la opción preferida, ya que es ampliamente disponible, fácil de manejar y permite una monitorización en tiempo real, además de no utilizar radiación ionizante.

Si la colección está profundamente localizada o no es bien visible por US, la TC ofrece una definición anatómica precisa para guiar la colocación segura del drenaje.

Para la implantación del catéter el radiólogo puede usar la Técnica Trócar o la Técnica de Seldinger.

Zink et al. reportaron la necesidad de drenaje percutáneo en el 22,2 % de los casos, con una tasa de éxito técnico inmediato del 97,6 % y éxito global del 79,6 % (Figura 1).

Figura 1

Drenaje percutáneo de colección postDPC.

imagenes/m8_fig1.JPG

Procedimiento biliares percutáneos transhepáticos

En pacientes sometidos a duodenopancreatectomía con reconstrucción bilioentérica en Y de Roux, el acceso endoscópico al árbol biliar no es factible. Por lo tanto, en este tipo de pacientes, la vía percutánea transhepática es el único abordaje posible al sistema biliar en caso de complicaciones biliares.

La colocación de un balón de oclusión para obstruir el conducto biliar por encima del sitio de la fístula, permitiendo un drenaje externo completo de la bilis, puede ser una opción valiosa para tratar las fugas biliares postquirúrgicas, reportadas en 3-4% de pacientes intervenidos.

Una técnica diferente y más reciente consiste en el uso de un stent cubierto que puede cerrar la fuga biliar y posteriormente ser retirado de forma percutánea.

La estenosis de un conducto biliar puede representar una complicación grave (tasas de morbilidad y mortalidad altas, 28% y 2,6% respectivamente). Para lograr la resolución de la estenosis, se pueden insertar catéteres de drenaje biliar de mayor calibre de forma sucesiva y dejarlos en posición, además de realizar dilatación con balón. Sin embargo, la recurrencia de la estenosis puede ocurrir en hasta el 29–58 % de los casos 27–29, por lo que pueden ser necesarias múltiples sesiones de tratamiento (Figura 2).

Figura 2

Estenosis biliar postDPC. Dilatación percutánea e implantación de prótesis biodegradable.

imagenes/m8_fig2.JPG

Una opción novedosa puede ser el uso de stents biliares biodegradables, que podrían mejorar la permeabilidad a largo plazo sin requerir un procedimiento posterior para su extracción.

Embolización arterial

La hemorragia arterial intraabdominal postoperatoria sigue siendo una de las complicaciones más graves, con una incidencia reportada entre el 1,5 y el 15 %, y una tasa de mortalidad que oscila entre el 20 y el 50 %.

La hemorragia se define como ‘temprana’ cuando ocurre dentro de las primeras 24 horas después de la cirugía. La hemorragia temprana está generalmente causada por un fallo técnico o una coagulopatía subyacente y requiere intervención quirúrgica inmediata.

Las hemorragias ‘tardías’ ocurren después de las 24 horas; la tomografía computarizada (TC) es fundamental para confirmar la sospecha de hemorragia tardía y resulta extremadamente útil antes de la angiografía[2].

En pacientes inestables, se ha sugerido que la angiografía visceral directa es el mejor método para localizar el sitio del sangrado, con la ventaja de ahorrar tiempo para un tratamiento intraarterial inmediato posterior. Nosotros no estamos de acuerdo pues el angioTC es una prueba accesible y rápida, que puede evitar la arteriografía cuando no esté indicada, o bien guiarla y aumentar su éxito (Figura 3).

Figura 3

Arteriografía selectiva de arteria mesentérica superior. Arteria hepática derecha filiforme con extravasación activa de contraste. Imposibilidad de colocación de stent recubierto. Embolización con coils.

imagenes/m8_fig3.png

La embolización arterial transcatéter ha demostrado ser segura y eficaz, con una tasa de éxito reportada entre el 50 % y el 100 %, ganando aceptación para el tratamiento de hemorragias intraabdominales[2],[4].

En caso de vascularización terminal, embolización proximal del vaso sangrante puede ser suficiente, mientras que, en presencia de colaterales, es crucial embolizar tanto los vasos de entrada como los de salida para evitar el resangrado.

La embolización transitoria, generalmente requerida por una hemorragia traumática, se consigue con materiales reabsorbibles, lo que permite restaurar el flujo sanguíneo en un periodo de tiempo variable (entre otros: coágulo sanguíneo autólogo, esponja de gelatina o fibrina). La principal ventaja de estos materiales es evitar la oclusión definitiva del vaso tratado. Sin embargo, debe considerarse un riesgo no despreciable de resangrado una vez que el material ha sido absorbido.

La embolización permanente se logra utilizando materiales no reabsorbibles (alcohol polivinílico, bucrilato, coils metálicos o balones desprendibles) que inducen una oclusión permanente del vaso.

Actualmente, no existe un material ideal, por lo que la elección del material embólico y la técnica de embolización más apropiados, cruciales para minimizar fracasos y complicaciones, requiere la presencia de un equipo de radiología intervencionista con amplia experiencia y la disponibilidad de varios materiales diferentes.

La implantación de un stent recubierto en la arteria en el sitio del sangrado se ha propuesto como una alternativa o complemento a la embolización, con la ventaja de mantener la permeabilidad del órgano terminal, minimizando así el riesgo de isquemia derivado de la embolización.

Un metaanálisis reciente comparando embolización transarterial con la laparotomía en el manejo del sangrado postquirúrgico tardío, demostró una reducción en la morbimortalidad en el grupo de RI[4].

Intervenciones venosas

Las complicaciones postquirúrgicas, con los avances recientes en la reconstrucción vascular mediante injertos de politetrafluoroetileno pueden afectar a las venas porta y mesentérica, que pueden desarrollar estenosis o trombosis después del tratamiento quirúrgico[1].

El tratamiento endovascular percutáneo, como el shunt portosistémico transyugular, la trombólisis directa e indirecta, la colocación de stents y la trombectomía mecánica, descritos principalmente en pacientes sometidos a trasplante hepático, pueden representar una opción valiosa en el manejo de estas condiciones tras la cirugía pancreática.

El acceso al sistema portal puede lograrse mediante una vía transhepática, con punción guiada por imagen de una rama portal periférica, o mediante un abordaje transyugular, puncionando el sistema portal desde las venas hepáticas.

El acceso transhepático suele ser más sencillo que el transyugular y representa la estrategia de primera elección en pacientes con parámetros de coagulación normales.

En pacientes con trombosis de la vena porta o mesentérica, en los que se ha iniciado tratamiento anticoagulante, la mejor opción es el abordaje transyugular, para minimizar el riesgo de hemorragia peritoneal asociada a la punción directa del hígado.

Una vez conseguido el acceso al sistema portal, es posible realizar dilatación con balón y colocación de stents en las estenosis postquirúrgicas utilizando los diferentes dispositivos comerciales disponibles.

En caso de trombosis, la tromboaspiración directa mediante catéter o la infusión de agentes trombolíticos se han reportado como tratamientos factibles y eficaces.

Embolización de fístulas

Las fístulas son la complicación más común tras la cirugía pancreática, después de la presencia de colecciones líquidas.

El tipo más frecuente es la fístula pancreática, seguida de las fístulas entéricas y biliares. Este tipo de complicación suele asociarse con otras, en particular con la presencia de una colección líquida intraabdominal.

Esta situación suele resolverse sin cirugía en más del 90 % de los pacientes. En el manejo no quirúrgico de este tipo de complicaciones, la radiología intervencionista desempeña un papel crucial[1].

En presencia de una colección líquida, la colocación percutánea de un drenaje puede ser suficiente para tratar la colección y, en varios casos, permitir el cierre espontáneo de la fístula.

Si el principal componente de la fístula es material biliar, la inserción transhepática de un drenaje biliar, al desviar la bilis del sitio de la fístula, puede ser suficiente para lograr el cierre de la fístula.

En casos de fuga biliar persistente, la colocación de un balón de oclusión por encima de la fístula, interrumpiendo completamente el flujo biliar hacia el sitio de la fístula, ha demostrado ser una herramienta eficaz.

Algunos autores han reportado la embolización directa del sitio de la fístula como un procedimiento factible y efectivo.

Alcanzar con precisión el sitio de la fístula es fundamental para realizar el procedimiento correctamente. Esto puede lograrse a través de un drenaje quirúrgico previamente colocado, mediante un drenaje percutáneo guiado por imagen, o incluso por vía transhepática.

Una vez alcanzado el sitio de la fístula, se pueden utilizar varios materiales para realizar la embolización, incluyendo etanol, partículas o diferentes tipos de adhesivos. Entre ellos, los adhesivos de cianoacrilato parecen representar materiales óptimos para el tratamiento percutáneo de las fístulas, debido a sus altas propiedades adhesivas y hemostáticas, así como su rápida polimerización.

Conclusiones

La radiología intervencionista desempeña un papel cada vez más importante y crucial en el manejo multidisciplinario de las complicaciones tras la cirugía pancreática[1],[3].

Los procedimientos de RI, como:

drenaje percutáneo de colecciones líquidas,

los procedimientos biliares percutáneos transhepáticos,

la embolización arterial,

las intervenciones venosas y

la embolización de fístulas,

son opciones terapéuticas viables y se han reportado como técnicas factibles, seguras y eficaces, con menos complicaciones en comparación con la reintervención quirúrgica, así como con una estancia hospitalaria más corta y una recuperación más rápida en el manejo de las complicaciones tras la cirugía pancreática.

Por lo tanto, la radiología intervencionista, su desarrollo y disponibilidad, deben ser prioridad en centros de referencia para mejorar la oferta terapéutica de sus servicios a lo largo del territorio nacional.

Bibliografía

1 

Parra Membrives P, Martínez Baena D, Lorente Herce J, Jiménez Riera G, Sánchez Gálvez MÁ, Martín Balbuena R, et al. Diagnóstico y tratamiento de las complicaciones y secuelas de la cirugía pancreática. Evidencias y desavenencias. Cir Andal. 2019;30(2):186-94.

2 

Wente MN, Veit JA, Bassi C, Dervenis C, Fingerhut A, Gouma DJ, et al. Postpancreatectomy hemorrhage (PPH): an International Study Group of Pancreatic Surgery (ISGPS) definition. Surgery. 2007 Jul;142(1):20-5. PubMed PMID: 17629996.

3 

Suárez-Muñoz MA. Complicaciones y secuelas de la cirugía pancreática. ¿Cómo intentamos prevenirlas? Cir Andal. 2019;30(2):181-85.

4 

García-Gallardo MM, Pino-Postigo A, Moncayo-Lagares R, Palma-González C, García-Trujillo I, Zarca-Díaz de la Espina MA. Papel del radiólogo intervencionista en las hemorragias post-duodenopancreatectomía cefálica. 36 Congreso SERAM. Málaga 2025.